Qué hay de detrás de la farsa del golpe de estado

Por qué decir que es un golpe de Estado cuando evidentemente no lo es, ya que la Constitución le otorga potestad y en consecuencia legitimidad al Congreso de la República para realizar la vacancia presidencial por incapacidad moral permanente. Desde luego se trata que dicha figura se da de forma excepcional y cae en el ámbito de la evaluación y decisión política, la misma que le corresponde al Congreso de la República.

La incapacidad moral permanente no tiene que ver nada con la incapacidad mental; pues aquí se trata de la moral a la cual se tiene que regir una autoridad o funcionario público, es decir tiene que ver con la moral pública, aquella que nos corresponde a todos, es decir, es el conjunto de principios y valores que competen a todos y que están impregnadas o recogidas en la Constitución. La moral pública son aquellos actos que afectan y trasciende la moral individual, aquellos que partiendo de la acción individual o grupal terminan afectando la moral de todos, con mayor razón tratándose del Presidente de la República que personifica la nación, que recoge los valores egregios de la nación y que debe mantenerlos lealmente, tales como la probidad, la honradez, la dignidad, la veracidad, la integridad, etc.

La incapacidad moral permanente si bien es subjetiva, sin embargo, su calificación por el Congreso de la República al ser una decisión política se debe basar en hechos y evidencias. No se trata de una investigación en el ámbito jurídico, es decir aquella que involucra al Ministerio Público y al Poder Judicial, sino aquella que dispone y autoriza la Constitución, es decir al Congreso de la República. Desde nuestro punto de vista, existieron elementos necesarios y suficientes para que el Congreso de la República vaque al Presidente Ing. Martin Vizcarra.

El decir que es un golpe de Estado cuando no lo es, nos lleva a pensar que aquí hay un total desconocimiento de la Constitución y de las reglas democráticas o en realidad hay un juego sucio, una estrategia política para justificar lo injustificable, valiéndose de lo que sea a fin de no perder el poder y los privilegios del que gozan. Pues es claro que se trata de un juego político, pero no basado en una lógica democrática, ni mucho menos transparente, ya que el trasfondo de ello fue el recurrir a un mecanismo para desacreditar a quien había tomado el poder siguiendo los procedimientos constitucionales. El decir que es un golpe de Estado sabiendo a conciencia que no lo era, pues buscaba desacreditar al nuevo gobierno a fin de que sectores de la población, sobre todos los jóvenes se volcaran a las calles a exigir la renuencia de este nuevo gobierno que constitucional y legalmente le correspondía asumir el poder por sucesión. En medio del desconcierto y logrado el propósito de protestar en las calles, que por derecho le correspondía, era el propiciar de alguna manera que recurrieran al derecho de rebeldía o insurgencia contra el gobierno “usurpador”, cuando en realidad nada de ello ocurría. Pues se trataba de crear un clima de zozobra, tal como ocurrió.

Lo que sigue, después de decir que es un golpe de Estado, como parte de esa estrategia nada clara y santa, es sin duda sostener que es un gobierno usurpador, y como tal lo que le corresponde es derrocarlo haciendo uso del derecho del pueblo a la rebeldía o insurrección, al ser afectado su derecho a la democracia. Pues una cosa es el derecho a la protesta y otra cosa es el derecho a la rebeldía del pueblo. Para que ocurra lo segundo debe existir certeza que efectivamente hay una transgresión o desconocimiento a la Constitución, es decir debe haber un golpe de Estado. Cuando no ocurre ello y confundes al pueblo diciendo todo lo contrario, pues no deja de ser un juego sucio, antidemocrático y perverso.

Decir que la vacancia presidencial por incapacidad moral es constitucional y legal, más no legitima, es realmente una aberración jurídica-política, ya que, tratándose de un sistema democrático, la legitimidad la otorgan las instituciones y procedimientos que están establecidas en la Constitución. De tal forma, decir que la vacancia presidencial por incapacidad moral es ilegítima es realmente un despropósito y un claro desconocimiento a las reglas democráticas.

La legitimidad es el acto consciente y voluntario a través del cual el pueblo reconoce la autoridad del gobernante. Dicho de otra forma, es el derecho que el pueblo le reconoce y a la vez le otorga al gobernante para decidir sobre él. En un sistema democrático la legitimidad de toda autoridad está establecida en los procedimientos e instituciones que la Constitución reconoce. Entonces, las cosas claras, no es que la decisión del Congreso de la República de vacar al Presidente de la República haya carecido de legitimidad, pues aquella decisión fue constitucional, legal y también legítima. En todo caso, lo que ha ocurrido fue que dicha medida no gozo de consentimiento del pueblo; dicho de otro modo, la medida no gozó de popularidad. La legitimidad y consentimiento, así como la fuerza o dominio y la competencia, son parte del poder público, y en la democracia esa interrelación entre estos cuatro componentes se establece sobre determinadas pautas.

Entonces no desvirtuemos las instituciones, no pretendamos hacernos pasar por demócratas cuando en realidad detrás hay un juego político que corresponde a una estrategia para desacreditar una decisión constitucional, legal y legítima. Si queremos jugar limpio hagámoslo, pero sobre las reglas preestablecidas. No recurramos al juego sucio, oportunista y arribista.

 

 

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