EEUU: legisladores condenaron a los “bandidos y terroristas” que irrumpieron en el Capitolio actos provocados por Trump un presidente aún en funciones.

Miles de seguidores del presidente saliente, Donald Trump, que se niega a acatar el resultado de las urnas, asaltaron el Congreso y forzaron la evacuación de los legisladores y del vicepresidente, Mike Pence, que presidía la sesión. Las salas y oficinas del Legislativo fueron asaltadas. Cuatro personas han muerto: una mujer que recibió un disparo letal de la Policía y otras tres personas que fallecieron por urgencias médicas, aseguraron las autoridades locales, que en un principio solo habían informado de un deceso. Asimismo, las autoridades han informado de 14 policías heridos y 52 detenciones.

El trámite acabó en tragedia. Lo que iba a ser una mera formalidad en el Congreso de Estados Unidos que ratificara el resultado de las elecciones del 3 de noviembre se convirtió en una exhibición de violencia y de violación de la legalidad como ese país no había visto en sus casi dos siglos y medio de existencia.

Sin embargo, este miércoles los partidarios del presidente  Trump fueron tratados de manera muy distinta. No solo subieron las escaleras del capitolio y lo invadieron, sino que lo hicieron rompiendo ventanas y trepando paredes, y se infiltraron en las oficinas de varios congresistas, incluyendo la de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. Aún así, permanecieron en las instalaciones del Congreso por horas sin que la policía hiciera mucho para controlarlos. Las autoridades son señaladas por permitir el asalto al Capitolio y por darles “trato privilegiado” a los manifestantes violentos Algo que no pasó desapercibido de lo ocurrido este miércoles en el Capitolio fue la manera tan distinta en la que las fuerzas del orden respondieron a la violencia con la que los simpatizantes de Trump se manifestaron en comparación con la forma en que reprendieron las protestas hace solo unos meses por la violencia policial.

El Departamento de Defensa se negó a acceder a la petición de la policía del Capitolio de enviar refuerzos. El Departamento de Seguridad Interior, que es el equivalente en EEUU del Ministerio del Interior, tampoco hizo nada. Solo cuando el asalto ya llevaba dos horas en marcha, el Ejecutivo anunció que iba a enviar tanto soldados como policía al Capitolio. Los agentes que se encargan de la seguridad de los congresistas se habían visto desbordados. Los asaltantes irrumpieron en la Cámara de Representantes y se hicieron fotos en el despacho de su presidenta, la demócrata Nancy Pelosi.

Según las primeras informaciones, destrozaron puertas, ventanas y cristales. La ciudad de Washington declaró el toque de queda a partir de las 6 de la tarde hora local (12 de la noche hora peninsular española) mientras todo el país asistía en directo al asalto del Poder Legislativo por una multitud que algunos estimaban en 10.000 personas. Finalmente, los últimos asaltantes abandonaron el edificio en torno a las seis y media de la tarde.

Los 534 legisladores presentes (435 representantes y 99 senadores) fueron evacuados al sótano del edificio. La policía les había ordenado que se pusieran máscaras antigás de máxima protección (los llamados “cascos de huida”, o “escape hoods”). El Capitolio es un edificio inmenso, que, además, está conectado a otros centros del Gobierno a través de túneles e, incluso, de un ‘metro’ especial para el uso de los legisladores, por lo que es de prever que éstos no corrieron peligro. También fue evacuado el vicepresidente, Mike Pence, quien, conforme a la ley, presidía la sesión conjunta del Congreso en la que se iban a ratificar los resultados de las elecciones.

Pence había sido transformado en una especie de ‘salvador’ de la presidencia de Trump. El presidente se había inventado una teoría legal en función de la cual su ‘número dos’ podía declarar inválidos los resultados en los 6 estados que necesita para ganar y suspender así la ratificación de la victoria de Biden.

En su mitin en el Mall, Trump volvió a insistir en que el vicepresidente podía anular el resultado de las elecciones. Pence, que presidia la sesión, se negó a hacerlo, fundamentalmente porque es ilegal. A continuación, 13 senadores del Partido Republicano cuestionaron los resultados, en línea con lo demandado por Trump. Fue una decisión que rompía con la línea adoptada por el propio partido, y que recibió durísimas críticas del propio jefe de los republicanos en el Senado, Mitch McConnell, que ha sido uno de los mayores aliados de Trump a lo largo de la presidencia de éste. McConnell calificó la iniciativa de movimiento destinado a “cambiar el resultado de una elección, y llevada a cabo por los perdedores”, y declaró que la actuación de sus propios correligionarios, “amenaza con llevar a nuestra democracia a una espiral mortal”.

Los legisladores condenaron a los “bandidos y terroristas” que irrumpieron en el Capitolio este miércoles en una jornada violenta e inédita que dejó una fallecida. El expresidente Barack Obama reaccionó destacando que los hechos fueron incitados por un presidente en funciones.

 

 

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