Bicentenario: Promoviendo una educación cívica en el Perú “Construyendo una ciudadanía más responsable y respetuosa”

El 2021 marca un año de retos y desafíos en todos los niveles de la vida de los seres humanos; por un lado, la puesta en práctica de lecciones o aprendizajes que hemos recogido en el marco de la pandemia COVID-19, que nos tocó vivir durante el 2020 y cuyo impacto no ha sido igual para todos. Pero nos preguntamos ¿hemos aprendido algo o lo suficiente para cambiar en nuestros gestos, actitudes, decisiones? ¿Nos hemos hecho un antes y un después como persona, sociedad y como país? ¿Se han preocupado nuestros representantes nacionales, locales y regionales de propiciar un rendimiento de cuentas al país, a la comunidad vecinal o en las regiones respecto de sus gestiones, pero sobre todo qué lecciones y recomendaciones plantean las autoridades para propiciar, por ejemplo, una ciudadanía más responsable?

El 2021, es el año del Bicentenario, de la conmemoración de los 200 años de independencia del Perú y nos asalta una gran incertidumbre ¿Cómo llegamos a ello? Y la pregunta no se refiere a los actos preparativos de esta fecha conmemorable, sino que intenta profundizar más hacia el interior o esencia de cada persona. Cuando tenemos un cumpleaños, es un acto de alegría, las personas van a saludar con su mejor disposición, llevando buenas intenciones, en algunos casos regalos, pero sobre todo el reflejo palpable de una “unión entre personas que celebran con amor, alegría que alguien cumpla años”.

Y, qué pasa con los peruanos y peruanas, estamos enfrentados y, lo vemos a diario, no serán la mayoría, pero sí un considerable sector de la ciudadanía a nivel nacional que no respeta las medidas restrictivas de sanidad para enfrentar el COVID-19, hacen reuniones familiares, sociales, amicales, visitas cuando son actos restringidos por la pandemia, en otras palabras “me vale” “no me importa”. Este simple hecho, aparentemente sin trascendencia, es lo que más daña al Perú, no solo por el riesgo que se corre de contaminarnos sino por el hecho mismo de desobedecer, desacatar una norma general para todos y cuyas consecuencias adversas también afectan a toda una colectividad.

Lo que tenemos que saber como ciudadanía es que la existencia de un Estado obedece a la realización de un bien común, del bienestar general. ¿Y, qué cosa es el bien común? No es otra cosa, que la realización de intereses comunes que tiene la connotación de un interés nacional, es decir, que su impacto comprende y es para todos y todas. Entonces, si me dicen por norma que debo abstenerme de hacer reuniones por razones de sanidad, usar correctamente la mascarilla, no propiciar comportamientos que ponga en riesgo la salud de otros, entonces la correspondencia ciudadana es “obedecer, acatar” porque en el acatamiento estoy contribuyendo con la paz social, con la salud general y sobre todo construyendo una ciudadanía responsable. En el entendido de que ese acatamiento es por el bienestar de todos y mientras no quede derogado o sin efecto la norma que así lo establece, nuestra correspondencia es respetarlo y por parte de las autoridades hacerlas cumplir.

La pandemia nos desnudó por completo, nos hizo ver en qué hemos fallado como Estado, Sociedad y Familia, y es partir de ello, que debemos aplicar las enmiendas o medidas correctivas del caso y según el impacto que haya generado en cada uno de nosotros. ¿Seguiremos siendo los mismos de antes? ¿En nada nos hizo reflexionar?

Nos molestamos porque nos llaman al orden, a adecuar un comportamiento debido y acorde con el respeto entre personas. Los acostumbrados rezos de decir “yo hago lo quiero” “estoy en mi casa y nadie me va a decir lo que tengo que hacer” se ha vuelto muy relativo y diríamos que incluso eso no se aplica sí es que tiene consecuencias para terceros. En mi privacidad puedo hacer lo que deseo siempre que mis actos no generen una vulneración de derechos de terceros o infrinja deberes ciudadanos, pues ese es nuestro límite y se llama RESPETO.

Somos una ciudadana reglada por el derecho ¿qué quiere decir ello? Que nuestros comportamientos se sujetan a la Constitución, a la Leyes y a todo un ordenamiento jurídico. Por ejemplo, la violencia familiar es denunciada incluso no solo por algún integrante del grupo familiar sino, por ejemplo, puede ser denunciado por algún vecino que vive al lado, y que escucha o es testigo del hecho en sí.

Otros de los aspectos es el silencio o complicidad de hechos que a sabiendas que están mal nos callamos por temor a generar enemistades o revancha. Es un estado de pensamiento que tiene que cambiar, pues en tiempos actuales se requiere de la solidaridad colectiva para propiciar la paz en tu vecindario, el respeto entre las personas, el respeto a la autoridad, vivir en armonía. Muchas veces el silencio es señal de complicidad y generamos egoísmo, que es uno de los flagelos sociales que no nos permite crecer, porque todo lo queremos para para uno mismo, avasallándose uno con otros o siendo indiferentes ante el dolor ajeno o circunstancias.

Se aproximan las elecciones generales 2021 y nuestro deber es elegir a nuestros representantes nacionales y entre los cuales al Parlamento Andino. ¿Nos hemos preocupado por saber, indagar siquiera qué cosa es el Parlamento Andino? Una de las grandes lecciones que deberíamos llevar con nosotros, es aprender de los errores del pasado.

En el contexto político, los partidos políticos y candidatos a elección popular que tengan asuntos pendientes con la justicia no deberíamos elegirlos, para no volver a repetir e incidir en confrontaciones políticas que le ha hecho tanto daño a la democracia y a la gobernabilidad, pero sobre al desarrollo como país. Sí algo tenemos que aprender es actuar con el mayor discernimiento posible, distinguiendo lo correcto de lo incorrecto, lo de bueno de lo malo, de lo justo e injusto. Necesitamos actuar con un mayor nivel de discernimiento para emitir un voto consciente y responsable.

La pandemia ha empobrecido a países a uno más que a otros, pero sumado a esta pobreza económica, social, cultural y política tenemos otra que es peor y que socava la esencia del ser humano y es la pobreza de espíritu pero no entendida aquella como “una bienaventuranza” a la que se refiere la interpretación del cristianismo, sino aquella en la que el ser humano quiere permanecer en el mundo de las imperfecciones, como el egoísmo, la vanidad, el ego, la ambición del poder, la indiferencia en otros caminos de oscuridad.

La ambición del poder y el ego están tan enquistados en el poder político que les quita la sangre de las venas a quienes pretenden postular a cargos de elección popular a sabiendas que tienen asuntos pendientes con la justicia “en otras palabras son sin vergüenzas”. ¿Creen ustedes o podemos creerles que quieren postular para que representen nuestros intereses?  ¿En serio?

Sería  un suicidio por parte de la ciudadanía el dar nuestro voto de confianza y elegir a un Presidente de la República con asuntos pendientes con la justicia y que mañana más tarde va a tener que rendir cuentas, tendremos una paralización del  gobierno “otra vez”; o que pretendamos llevar al Parlamento en las mismas condiciones, o al Parlamento Andino que está pasando se dice “piola” es decir, muy sutil postulo  a esta instancia, porque la ciudadanía no sabe que es el Parlamento Andino y con suerte voy a llegar, ni cuenta se van a dar. ¡CUIDADANÍA DESPIERTA!

De otro lado, pedimos cambio de Constitución y no sabes que es la Constitución, qué contiene, ni la has leído. No es suficiente con decir “son mis derechos” “tengo derechos”. En efecto, los tienes porque la Constitución te los reconoce en sus artículos 1,2y 3 y conforme vamos conociéndola, te darás cuenta que los derechos que tienes no solo están en los artículos antes citados, sino en todo el cuerpo normativo. Por ejemplo, tus derechos sociales reconocidos en los artículos 4 y siguientes, tus derechos políticos a partir del artículo 30 y ss, el derecho que tienen toda persona a acceder a los órganos supranacionales de protección te lo reconoce el articulo 205 de la CPP, y no están en los artículos 1,2, y 3. Es una Constitución muy mal hecha sin duda y llena de imperfecciones, pero es la que tenemos, está vigente 28 años y mientras no sea reemplazada por otra, todos le debemos respeto. ¿Te has preguntado por qué quieres un cambio de Constitución?

Se perdió una valiosa oportunidad de contar con una Constitución más acorde con los consensos internacionales y con nuestra propia realidad. Nos referimos al proceso de reforma constitucional que se inició en el Parlamento 2001- 2002. Por ejemplo, se introdujo un acápite de “deberes fundamentales” aunque no todos, pero sí los más esenciales a efectos de que podamos partir de allí a afianzar nuestras responsabilidades como ciudadanos.

Fueron 11 deberes introducidos sin perjuicio de otros deberes contenidos en la Constitución, así rezaba la propuesta que quedó en el proyecto de reforma constitucional:

Deberes fundamentales

  • Honrar al Perú y los símbolos de la patria, proteger los intereses nacionales, defender la soberanía y la integridad territorial; contribuir a afirmar y perfeccionar el sistema democrático, respetando y defendiendo la Constitución y el ordenamiento jurídico.
  • Defender a la familia, promover la solidaridad y la responsabilidad social.
  • Ejercer el derecho de participar en la vida política, económica, social y cultural de la nación, en forma individual o asociada, de manera honesta, transparente, democrática y responsable.
  • Contribuir al sostenimiento de los gastos y servicios públicos de acuerdo con la capacidad económica a través del sistema tributario.
  • Contribuir al cuidado de la propia salud y educación integral, así como la de su comunidad.
  • Actuar contra el terrorismo, el narcotráfico, los delitos de lesa humanidad, la corrupción y la impunidad, colaborando con las autoridades competentes.
  • Respetar la identidad étnica y la pluralidad cultural.
  • Participar en la defensa, preservación y mantenimiento de un medio ambiente saludable, ecológicamente equilibrado, buscando el desarrollo sostenible.
  • Participar en la consecución de la armonía, la paz y la seguridad nacional.
  • Contribuir a la erradicación de toda forma de discriminación.

Los extranjeros residentes en el territorio nacional tienen los mismos deberes, en lo que corresponda.

¿Por qué promover una educación cívica en el Perú? Sencillamente porque nos ayudará con el manejo de mayores conocimientos a ser mejores ciudadanos. Por ejemplo, en fiestas patrias cada 28 de julio colocamos nuestra bandera nacional y observamos, que poco amor a la patria se tiene cuando colocamos “las banderas sucias” o no colocamos la que corresponde, ponemos una con el escudo en el centro cuando esa forma es solo para las instituciones públicas; luego colocamos las banderas como si fuese un papel o cualquier trapo pegado en las ventanas “eso no se debe hacer” no honramos nuestros símbolos patrios”.

Una educación cívica nos ayuda, a conocer la Constitución, los derechos y deberes, ambos en igualdad de importancia. Las personas tenemos derechos, pero también deberes y la omisión de alguno de ellos, podría incluso costarnos la libertad.

Miremos ese acápite de deberes fundamentales y aunque no estén en nuestra actual Constitucional nada impide que se ponga en práctica.

Sobre Lesly Llatas Ramírez

Abogada, docente y Magister en Derecho Constitucional y Derechos Humanos. Especialista en Derechos Humanos, Internacional, Internacional Humanitario y Constitucional.

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