Dom. Oct 25th, 2020

Opinión: Trump y la historia por Luis Felipe Polo

5 de octubre de 2020

Trump y la historia

por Luis Felipe Polo

Magister en Administración de Empresas Doctorando en Teología Experto en Derechos Humanos y  Resolución de Conflictos

Email: luisfelipepolo@gmail.com

www.luisfelipepolo.com

 

Oficialmente con más de 35 millones de personas contagiadas y más de un millón de fallecidos a causa del COVID-19, entramos al último trimestre del año con la única esperanza que las vacunas que ya se están probando en personas puedan estar listas lo antes posible.

Aunque nadie está libre de contagiarse, las estadísticas han demostrado que el riesgo de enfermarse gravemente aumenta con la edad, por lo que los adultos mayores corren mayor riesgo, podrían requerir hospitalización, cuidados intensivos, o incluso podría morir. La salud de una persona contagiada cambia constantemente y lo que suceda por más cuidado que se tenga es impredecible, particularmente si el paciente tiene sobre peso y alguna enfermedad preexistente.

Donald Trump, su esposa y decenas de sus colaboradores más cercanos han pasado a engrosar los números en las estadísticas que se tienen de todo el mundo por la pandemia. Para Trump, su salud puede verse afectada seriamente no solo por tener 74 años, sino también sobre peso y altos índices de colesterol. Cada hora que pasa es clave y médicos que atienen a pacientes con el COVID saben que el verdadero riesgo para el enfermo está entre cinco o siete días después de haberse contagiado; es decir, esta semana debe ser la más importante para la salud de Trump en sus años de existencia.

Lamentablemente desde el inicio de la pandemia, Trump no solo ocultó información, sino mintió y no quiso oír a los científicos que le advertían de lo peligrosos de era. Todos fuimos testigos de sus expresiones como que el virus “desaparecerá milagrosamente”, “el riesgo para el pueblo estadounidense sigue siendo muy bajo” o que “el virus está controlado”, “es una simple gripe”, entre otras muchas, mientras los números de contagios y muertes se incrementaban en Estados Unidos convirtiéndolo hoy en la cabeza de las estadísticas con más de 7.5 millones de contagios y más de 210 mil muertos.

Trump ha tratado repetidamente de restar importancia a la pandemia a pesar de que los expertos en salud de su gobierno suplicaron a los estadounidenses que se tomaran el virus en serio, situación que en parte origino actos de violencia entre los partidarios de Trump y los opositores.

Trump impulsó la reapertura económica, se negó a usar máscara en público, y en lugar de prestar atención al distanciamiento físico, convoco a grandes manifestaciones públicas como parte de su campana reeleccionista y donde los asistentes no solo han incumplido con el distanciamiento social, sino también muchos han estado sin máscaras.

De agravarse la salud del presidente estadounidense o quedase incapacitado para ejercer el cargo, se acudiría a la ‘Presidential Succession Act’ que se basa en el artículo 2 de la sección 1 en su cláusula 6, de la Constitución de Estados Unidos de Norteamérica.

Este artículo tiene dos partes importantes. En primer lugar, “en caso de destitución del presidente, por su muerte, resignación o inhabilitación”, el Congreso tiene la habilidad de descargar “los poderes y labores de dicho cargo en el vicepresidente”. Eso implica que, en este caso, Mike Pence sería el encargado de sustituir a Trump en el cargo. Pence que estuvo cerca a Trump el día de debate CON Biden salió negativo de la prueba del COVID.

La segunda parte de este articulo dice que, si el vicepresidente también se viera imposibilitado de asumir la presidencia, “el Congreso podrá establecer, por ley, en caso de destitución, muerte, resignación o inhabilitación, tanto del presidente como del vicepresidente, qué funcionario deberá pues ser presidente o, en caso de inhabilitación, actuar como presidente; y dicho funcionario deberá actuar como tal hasta que la inhabilitación termine o sea elegido otro presidente”.

Sin embargo, en una modificación de 1947, este artículo fue retocado para establecer una norma más clara en la línea de sucesión al presidente. Así, tras el vicepresidente la persona que sigue la línea de sucesión es quien preside la Cámara de Representantes, hoy es la demócrata Nancy Pelosi a quien Trump la ofende cada vez que puede de manera pública como “Nancy la loca” ya que ella se ha enfrentado varias veces a Trump ante sus decisiones. Después de quien preside la Cámara de Representantes, la línea de sucesión recae en el presidente ‘pro tempore’ del Senado, el secretario de Estado, el secretario del Tesoro, el de Defensa, el fiscal general, etc.

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos están programadas para el 3 de noviembre próximo, legalmente es posible que las elecciones presidenciales se pospongan, pero no parece una opción muy viable, basta recordar que nunca en la historia han sido pospuestas.

Si Trump no puede ser candidato ya sea porque su salud no se lo permita o si fallece, el Partido Republicano deberá elegir otro candidato, aunque el problema en este caso está en los tiempos. El voto anticipado supone que más de 2,2 millones de personas ya han emitido su elección para estas presidenciales; y, además, la fecha límite legal para cambiar las papeletas ya ha terminado en muchos estados y han sido enviadas a los votantes. La salida es que se retrase las elecciones con el nombre del nuevo candidato o que se siga eligiendo bajo el nombre del que ya no es candidato. En todo caso, quien suceda en la candidatura presidencial a Trump seria su actual vicepresidente Pence.

Lo cierto es que Estados Unidos vive una etapa complicada en términos de salud y en términos políticos. Lo que suceda con el presidente Trump en los próximos días va a marcar mucho la historia de este país, el sueño americano se está convirtiendo en una pesadilla del cual más temprano que tarde este país debe despertar para no caer en el caos y la desesperanza.

Hasta la próxima semana.

 

 

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