El COVID-19 y la Guerra

Por José Williams Zapata/ Ex jefe del Comando Conjunto de las FFAA y  Comandante de la Operación Chavín de Huántar. 

La lucha contra el Covid-19 (SARS-CoV2), ha originado que el Presidente de la República, funcionarios del estado, médicos, economistas, periodistas, militares y policías entre otros hayan declarado que estamos en una guerra contra este nuevo virus.

La definición de guerra incluye un amplio abanico de actividades, desde cualquier emprendimiento moral hasta la lucha en las diferentes formas en que se realiza incluyendo la armada.

La guerra es en sí misma mutación, compromiso, supervivencia, superación. Con la guerra se abren caminos bloqueados, urgen avances tecnológicos, un país despliega lo organizado, planea en conjunto de modo centralizado y conduce las acciones en forma descentralizada.

En la conducción se presentan situaciones no previstas, para decisiones inmediatas (en una crisis el tiempo pasa 50% más rápido de lo normal”).

Luego, al finalizar la guerra, tras la experiencia, se reorganiza el país, se hacen cambios o se transforma lo que no rindió en los ámbitos político, económico, social, militar, policial y tecnológico, con la finalidad de mejorar la estructura, y el funcionamiento de las organizaciones al servicio de la nación.

Para comprender mejor el asunto de que estamos en una situación semejante a una guerra o una guerra, debemos entender la gravedad de esta pandemia.

La OEA la califica como grave amenaza y la comprende dentro de su Política de Seguridad Multidimensional, la misma que desde diciembre del 2017 es adoptada por el estado peruano como su Política de Seguridad.

De igual modo la ONU, la califica como una peligrosa amenaza según su concepto de Seguridad Humana.

En el mismo sentido revisemos el significado de Guerra Total (Gral Erich Ludendorff), pero no en el estricto significado de una guerra tradicional es decir entre estados (países), ni de la subordinación de la política al esfuerzo de la guerra.

Sino en el escenario en el que nos encontramos frente a un enemigo invisible, donde el país moviliza y fuerza al límite sus recursos humanos y materiales (industriales, agrícolas, naturales, tecnológicos, científicos y de cualquier otro tipo), con el objeto de destruir la amenaza.

En este sentido, el esfuerzo de la Guerra Total supone la completa subordinación de las capacidades de un país al esfuerzo de guerra contra una amenaza.

Considero que sí, que realmente estamos en guerra. La forma como se está movilizando el estado y la población, tiene características comparables a las que se daría en una situación de guerra. Se ha declarado el estado de emergencia y la inmovilización social la mayor parte de las 24 horas (“toque de queda”).

Se han comprometido recursos originalmente no destinados a este fin, ha sido alterado totalmente el quehacer cotidiano de todas las personas en todo el territorio.

Muchos por cuestiones de seguridad sanitaria no logran salir de los lugares donde la inmovilización los cogió, no se permite salir a las personas de sus casas a partir una determinada hora, se mantiene las vías de comunicación bajo el control de la fuerza armadas y la policía nacional.

La economía nacional ha sido exigida y la personal forzada en muchos casos al extremo de quedar sin aliento, ambas poco a poco se van deteriorando.

Todo esto con la finalidad de enfrentar de mejor manera y con el menor costo en vidas a este invisible enemigo. Ciertamente es un escenario semejante al de un estado en guerra.

En este sentido es necesario comprender que todos tienen una obligación como deber que cumplir y un derecho que exigir a quienes gobiernan o lideran.

Si reconocemos que tenemos al COVID19 como enemigo y vemos que gran parte del poder que dispone el país ya está empeñado en la guerra contra esta enfermedad; es razonable cuestionarse por qué a estas alturas hay muchos que aún no comprenden que están en guerra.

El sistema de salud hace el esfuerzo por articularse y está empeñado las 24 hrs. en primera línea y con la tarea más importante.

La FFAA y la PNP también en primera línea, tienen comprometido a su personal, material y equipo en todo el territorio nacional con una misión principal asignada y otras deducidas o asumidas; para mejor cumplimiento de su responsabilidad el Ejercito ha llamado como en una guerra a sus reservas. Más misiones para la FFAA estarán en relación a sus capacidades, sus competencias los recursos disponibles y la viabilidad de su cumplimiento.

El sistema de transportes aéreo, terrestre y marítimos esta casi paralizado, porque es necesario que así esté; solo funciona aquello que moviliza lo primordial para que el país siga funcionando.

Del mismo modo el sistema de producción, comercio y distribución de alimentos trabaja intensamente para que la población pueda vivir y los otros sistemas funcionar.

Los servicios básicos (luz, agua, telecomunicaciones y otros), la educación, las farmacias, los bomberos, las municipalidades con sus serenos y otras organizaciones públicas y privadas también están en esta lucha a la que muchos hemos convenido en llamarla una guerra.

Gran parte de la nación está luchando una guerra donde a la fecha han perdido la vida cientos de personas y muchos otros han quedado heridos. Sin embargo, reitero muchos no acaban de entender que se deben incorporen también a esta guerra.

El Presidente de la República lidera una guerra, un conflicto o una crisis, con los sectores, agencias del estado y la población organizada, todos obligatoriamente participan en este esfuerzo.

Para ese fin convoca al Consejo de Seguridad y Defensa Nacional (CSDN), compuesto por el Primer Ministro, los ministros de estado con responsabilidad en el tema, el Jefe del Comando Conjunto de la FFAA, el CG de la Policía Nacional, el director de la DINI, entre otras instituciones y organizaciones que se convocan, como Comando de Operaciones COVID19, a cargo del Sra. Pilar Mazzetti.

El CSDN, asesora al presidente en la organización, planeamiento y conducción de esta guerra en el ámbito político.

Para ello define él “estado final deseado” que espera conseguir con éxito, se determina objetivos, estrategias, se formula directivas y planes conjuntos detalladamente coordinados para esfuerzos y logros vinculados.

Dichos documentos son iniciales, las posteriores disposiciones escritas o verbales son parte de la conducción de esta guerra, o de rápida capacidad de reacción ante situaciones imprevistas.

En la conducción de una crisis la información que se hace pública es fundamental, debe ser veraz y oportuna con un lenguaje claro, la verdad optimiza las estrategias permitiendo mejores resultados; el ser humano quiere que le digan lo que quiere oír, pero no se debe ir contra la verdad ni suavizar en exceso la realidad.

La credibilidad de los actos de la autoridad genera confianza y seguridad en la población.

La transparencia en el manejo honesto de los recursos mejora las capacidades de las entidades que están llevando el esfuerzo, genera confianza y reconocimiento en la población.

La conducción por líderes con competencias apropiadas asegura decisiones correctas y oportunas que permitan el éxito.

Es necesario permanecer siempre firmes y seguros, no puede haber la sensación de pérdida de control.

Del mismo modo que en el nivel político se dirige el esfuerzo conjunto, en el ámbito de los sectores del gobierno central, en los gobiernos regionales y locales se debe estar haciendo lo propio.

De modo que el esfuerzo funcione como un sistema articulado, supervisado y controlado en todos los niveles, lo que generará seguridad y confianza en y dentro del sistema y en la población.

En lo que respecta al ámbito militar hago una breve aproximación de su funcionamiento.

El nivel Estratégico Operacional, es el del Comando Conjunto de la FFAA y los institutos (EP, AP, FAP), funcionan con sus estados mayores, donde conforme a la directiva de gobierno hacen el planeamiento, organizan y misionan a los niveles subordinados.

Ese siguiente nivel es el Operacional, allí se encuentran los comandos operacionales, las divisiones de ejército, las zonas navales y las alas aéreas, luego de su planeamiento conjunto y centralizado se imparten ordenes al siguiente nivel, el Táctico.

Los componentes de este nivel Táctico es el que vemos en el campo y la ciudad en contacto con la población, en la vigilancia de servicios básicos, en el control del orden y sucedido un hecho violento interviene conforme a la ley y normas establecidas.

Para este fin se ha organizado el territorio, las tropas han sido instruidas en aspectos de derechos humanos, trato con la población, protección personal contra la enfermedad, etc., luego las tropas son desplegadas.

En la guerra contra esta pandemia se ha involucrado también a la parte de la población y los recursos que no han sido movilizados.

Y no han sido movilizados porque está guerra demanda que las personas deban permanecer en casa, que los negocios, fábricas, el transporte, las entidades públicas y privadas, etc., no funcionen. Muchas personas no deben trabajar, otros han perdido sus empleos o pueden hacerlo, a muchos no les llega la ayuda del gobierno, innumerables personas intentan regresar a sus lugares de origen y cientos viven situaciones muy difíciles. Pues bien, todas estas personas, también están luchando en esta guerra, es ésa la parte que les toca o mejor dicho la misión que se les ha dado. Una misión no solo es obligación es además un deber para con uno mismo y un compromiso con el Perú.

Entonces es necesario que este compromiso sea entendido por la población, todos estamos en esta guerra, todos tienen una misión como deber, cito algunas: sobrellevar un tiempo sin salir de casa como antes, cumplir puntualmente con el toque de queda, respetar la distancia social, usar mascarilla y guantes. Cumplirlas es vital, de lo contrario habrá costos que lamentar porque de una u otra manera a todos afectará.

Los más jóvenes verán sus proyectos de vida, su salud, estudio, empleo y su futuro peligrar, podría ser demorado o quizás destruido, pero de alguna forma afectado.

Esto de tomar esta lucha contra el COVID19 como guerra no es un asunto de securitización de la política o de la enfermedad ni mucho menos, es solo una cuestión de involucrar a todos en un compromiso sincero y solidario.

Por último, una situación de guerra, crea las condiciones para hacer una disrupción venida en transformaciones o correcciones a inoperativos o ineficientes procedimientos, en diferentes ámbitos como los de la educación, la salud, la seguridad y otros, con el objeto de alcanzar el bienestar general.

No hacerlo es perder la oportunidad que la historia nos da, corregir y cambiar es responsabilidad de todos, pero en particular de quienes dirigen el gobierno y las instituciones públicas y privadas, de la visión, objetivos y estrategias que definan y ejecuten en los correspondientes plazos de tiempo, de todo ello dependerá el futuro de nuestra nación.

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