La nefasta influencia cubana

La crisis puede convertirse en el preludio de la libertad. En países como Cuba, que desde 1959 se encuentra sojuzgada bajo un régimen de partido único y que como consecuencia de las protestas del 11 de Julio puso de manifiesto que más allá del control político y policial era posible que vastos sectores sociales se expresaran contra la dictadura, tanto en la Habana, como en las principales ciudades del país.

Cuba sojuzgada, Nicaragua bajo el imperio de la dictadura de Ortega-Murillo, así como Venezuela son en América Latina la más cabal expresión del fracaso de proyectos políticos autoritarios, que no sólo conculcan la libertad, sino que dinamitan la economía, destruyen el aparato productivo, sumiendo a sus pueblos en la pobreza y el desempleo.

La Revolución Cubana traicionó los ideales de libertad de todos aquellos que la respaldaron como la afirmación de un movimiento supuestamente democrático y con vocación por impulsar un proceso de transformación social guiado por los grandes ideales de los movimientos y partidos de frente único, que se organizaron en nuestra región.

Fidel Castro traicionó a su pueblo, se adscribió al comunismo internacional liderado por el Kremlin, convirtiendo a Cuba en una economía dependiente del subsidio generoso de la URSS. Desde los años sesenta del siglo pasado, Cuba se convirtió en un aliado incondicional de la Tercera Internacional y del PCUS, con claros objetivos políticos, que se expresaron en el plano ideológico, de propaganda y adiestramiento militar de los movimientos guerrilleros en Centroamérica y América del Sur.

En un contexto de Guerra Fría, luego de superada la llamada «crisis de los misiles» en 1962, Cuba trató de mostrarse como un país que ofrecía salud, educación y bienestar a su pueblo, bajo un gobierno que reprimió a los opositores, obligando al exilio a un sector importante de las clases medias de un país, que hasta antes del 1 de Enero de 1959 no precisamente se encontraba en la indigencia.

La libertad como aspiración de los pueblos fue burlada por los líderes de un partido que impuso una dictadura en la que la no se permitía la existencia de una prensa libre, partidos políticos y sindicatos. La disolución de la URSS representó la virtual quiebra de la economía cubana, que encontró en el turismo receptivo una opción para generar divisas en una economía que no facilitó la iniciativa privada ni el emprendimiento de los jóvenes, convirtiendo al Estado en el gran gestor de la producción y tutor de la vida de un pueblo en parte seducido y a la par obligado a defender un proceso revolucionario fallido sin resultados que se expresen en la mejora de las condiciones de vida de vastos sectores sociales.

En los años noventa, Cuba sobrevivió reprimiendo cualquier atisbo de protesta, mejoró sus relaciones con la Santa Sede e incluso logró que el Papa Juan Pablo II realizará una visita pastoral, que parecía representar un giro hacia la libertad por parte del gobierno castrista.

La victoria de Hugo Chávez en 1998 significó para Fidel Castro un «salvavidas» y la oportunidad para convertirse en un mentor ideológico de la revolución bolivariana. Venezuela puso fin a 40 años de democracia, que se expresó en la alternancia en el poder tanto de Acción Democrática y el COPEI, con la presencia de figuras señeras como Rómulo Betancourt y Rafael Caldera. Hugo Chávez convocó a una Asamblea Constituyente, encontrando en la empresa estatal PDVSA la fuente de ingentes ingresos, para financiar un proyecto político que ha tenido en el gobierno cubano un aliado estratégico en el plano político e ideológico especialmente.

Cuba no puede ser un referente político para América Latina. Bajo los preceptos ideológicos y desde la visión castrista, los sucesivos gobiernos de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro, han terminado quebrando la otrora próspera economía venezolana, a pesar de que la renta petrolera desde 1974, se encontraba en manos del Estado, como consecuencia de la nacionalización de industria de hidrocarburos, durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Venezuela hoy produce menos de la tercera parte de lo que producía hace 20 años y más de cinco millones de sus ciudadanos han migrado al exterior en busca de mejores oportunidades.

La alianza entre Cuba y Venezuela ha sido funesta y sólo ha servido para preservar la dictadura de los Castro y hoy la de Diaz Canel por un lado. Mientras que el soporte político y de la «inteligencia cubana» ha ayudado a cimentar el gobierno de Nicolás Maduro, que se mantiene en el poder, controlando a las Fuerzas Armadas y policiales, utilizando como armas políticas la propaganda, la ideologización y la atribución de responsabilidad por la crisis económica al gobierno norteamericano, del mismo modo como la dictadura cubana atribuye su fracaso al «embargo» que Estados Unidos mantiene desde hace décadas.

Cuba alentó el movimiento guerrillero en los años sesenta, influyó en el gobierno de Salvador Allende en Chile, guió a Hugo Chávez y hoy forma con Managua y Caracas un eje, que se adscribe en el llamado «socialismo del siglo XXI» tributario del Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla.

El gobierno de Pedro Castillo no es ajeno a este proceso político. Perú Libre y Vladimir Cerrón (formado profesional y políticamente en Cuba) han impulsado el restablecimiento de relaciones diplomáticas con el gobierno de Nicolás Maduro, han promovido que virtualmente se ponga fin al «Grupo de Lima», mientras que el gobierno de Diaz Canel ha designado como embajador en nuestro país, a un miembro de la «inteligencia cubana», no debiendo obviarse que Evo Morales está empeñado en hacer proselitismo político en la zona sur del Perú especialmente. A ello se suma que el presidente López Obrador de México opina e interviene en asuntos que atañen a nuestra política nacional.

La lucha por la libertad no tiene fin, más aún en un contexto en el que el neomarxismo en sus diferentes matices avanza en América Latina, con el objetivo de imponer gobiernos autoritarios, que no son capaces de asimilar las grandes lecciones del pasado. Está en marcha un proyecto de alcance continental, con una visión ideológica reñida con el realismo político y que parece alinearse con los intereses de una Rusia que evoca su pasado y de una República Popular China ávida de tener mayor presencia en la economía latinoamericana.

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Sobre José Torres Iriarte

Abogado, Analista político e internacional Correo:

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