Sin miedo

Horas después de conocerse los resultados de las elecciones en primera vuelta en una entrevista a través de un medio de comunicación, fui muy claro en afirmar que me generaba más miedo un triunfo en segunda vuelta de Keiko Fujimori que de Pedro Castillo; y, sigo sosteniendo exactamente lo mismo.

Quienes no apoyamos a Fujimori, no significa que seamos comunistas, socialistas, marxistas, terroristas, anti demócratas, etc. tal y cual se nos señala o, que pretendemos estar a favor que Perú se convierta en una Venezuela lo que es inaceptable desde todo punto de vista ya que ese régimen del terror es una afrenta contra la dignidad humana.

Todos tenemos la libertad y el derecho de apoyar o estar en contra de algún candidato, pero también tenemos la harta obligación de respetar y aceptar que no todos pensamos igual sin que eso nos convierta en enemigos o lo que es peor, motivo para que se rompan lazos familiares, amicales, laborales, etc., que justamente esta polarización en el país está dejando, agregado a las mentiras y excesos que las redes sociales reflejan llevando al país cada vez más cerca al abismo.

Soy consecuente de mis principios en defensa de los derechos humanos en toda la extensión de su significado, desde el activismo, la academia y mi actitud hacia los demás, tengo la suficiente “juventud acumulada” como muchos para no dejarme llevar por la corriente o el miedo, ni por los insultos u ofensas, ni por las críticas destructivas y soy el único responsable de mis opiniones y modo de pensar, con más defectos que virtudes, pero siempre priorizando al ser humano, la justicia social, el bien común, defendiendo la democracia y a la libertad de opinión y expresión como derecho inherente a toda persona.

El Perú de hoy polarizado y desde hace décadas fraccionado en mil pedazos, no merece más de actitudes intolerantes, discriminatorias, excluyentes, menospreciativas, peyorativas, intransigentes, fanáticas, segregacionistas, despectivas, etc. ni de un lado ni de otro, que tanto daño nos ha hecho y nos sigue haciendo como sociedad.

Es vergonzoso leer en las redes sociales algunas afirmaciones sobre nosotros los provincianos especialmente contra quienes nacimos en la sierra afirmando que el “Perú debería dividirse en Perú del Norte y del Sur”, “no deberían dejar votar a los analfabetos”, “solo deberían dejar votar a los que tienen secundaria completa”, “debería ser requisito hablar bien el castellano para poder votar”, “los peruanos que viven en el extranjero no deberían de opinar”, “serranos de m…”, etc.

Nunca tuve miedo al igual que millones más de que el profesor Castillo asuma la presidencia de la República, su democrática elección ojalá sirva para despertar a una buena parte de la población y finalmente se den cuenta de que necesitamos políticas públicas coherentes para sacar de la pobreza, del abandono, de la enfermedad, del analfabetismo, de la injusticia, de la explotación laboral, de la miseria, etc. a millones de peruanos que gobierno tras gobierno solo han recibido promesas y muy pocas atenciones. Castillo no es ni representa al terrorismo ni al comunismo, tampoco nos va a convertir en una Venezuela porque no solo no están dadas las condiciones políticas, sociales y culturales, sino porque es un modelo fracasado y de violaciones a los derechos humanos.

Necesitamos un gobierno diferente, que reconstruya el tejido social y que atienda las necesidades de quienes más sufren, que sea incluyente y humano, con políticas públicas coherentes donde garantice a todos los peruanos sin excepción el derecho humano a la salud, educación, trabajo, alimentación, vivienda, desarrollo económico, propiedad privada, seguridad, etc.; y, para ello es necesario el concurso de todos, de vencedores y vencidos,  de ricos y pobres, de capitalinos y provincianos, porque el Perú es más grande que sus problemas, porque luchar y defender a los más débiles y excluidos no tiene ideología.

Necesitamos un presidente para todos los peruanos y no para la mitad del país y menos para un partido político y sus amigos. Sin miedo, asumamos desde donde nos encontramos la responsabilidad que la historia nos está colocando y aunque traten de silenciarnos y a desvalorar nuestra opinión de quienes estamos fuera del país, seguiré escribiendo y publicando porque no quiero ser cómplice del silencio, porque con mi voz quiero ser la voz de otras voces, porque quiero que mi país y el mundo cambie para mis hijas y sus hijos; y, porque quiero ayudar a detener las injusticias y las desigualdades.

Hasta la próxima semana.

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