Derecho a llorar

Es casi imposible no quebrarse ni llorar con cada tragedia humana de la que hemos y somos testigos en vida. Es imposible para la mayoría de humanos que creemos en la paz y en la no violencia no haber sufrido con imágenes de guerras que han dejado a miles de personas sin vida, mutilados, niños huérfanos, con secuelas traumáticas, etc.

Tragedias como terremotos, tsunamis, derrumbes, inundaciones y otras causas naturales también duelen y mucho, especialmente cuando las autoridades no han tomado medidas de prevención para evitar sus efectos mortales.

El dolor, indignación, sufrimiento y rechazo es grande cuando vemos a niñas, niños y mujeres siendo violentadas y asesinadas por enfermos sin que los estados hagan mucho para seguir evitándolo.

Es triste y humillante ver a personas y familias enteras viviendo en las calles y esperando a que alguien les de comida para sobrevivir día a día. Es injusto ver a personas en las cárceles sin haber cometido delito alguno y sin poder salir de las cárceles por no tener acceso al negocio de la justicia.

Cómo no condenar y rechazar a los grupos terroristas que nada les importa la vida humana; y, también rechazar prácticas y excesos de agentes de los estados violando los derechos humanos.

Hay una y mil razones por las que uno llora o se quiebra; desde la muerte de un familiar o amigo hasta las tragedias sociales. Hasta la persona más fuerte llora y es humano hacerlo. Pero cuando hay una mezcla de dolor, incertidumbre y miedo a lo desconocido la sensación de es mucho más dolorosa.

Sabemos perfectamente que el coronavirus no hace diferencia y ataca a quien se le cruce en su camino, y a pesar que muchos gobiernos han tomado medidas importantes para evitar su propagación rápida, la respuesta de sus capacidades de los sistemas de salud es y será insuficiente.

Italia, España, Alemania y Francia en Europa; y, Brasil, Chile y Ecuador en América del Sur están sufriendo las consecuencias de las reacciones tardías de sus gobiernos.

Por otro lado, para quienes vivimos en Estados Unidos podría ser lo que sólo veíamos en sus películas sobre pandemias y virus que atacan. El Presidente Trump quien a principio minimizó esta pandemia, ayer dijo que vamos a tener entre 200,000 muertos o más; el Director General de Sanidad de Estados Unidos dijo que ésta semana será la más triste y difícil para el país comparado solo con el ataque de Pearl Harbor y los ataques terroristas a las torres gemelas de 2001.

Es decir, a pesar de las medidas de contención que en la mayoría de estados se han implementado, las consecuencias serán catastróficas. Algunos medios replican análisis de expertos que afirman que de no haber cuarentena y distanciamiento social, los fallecidos llegarían a 2 millones y más. Aunque entre la realidad y proyecciones estadísticas hay mucha diferencia, nadie sabe lo que nos espera de aquí en adelante, especialmente cuando el sistema de salud no está preparado y aunque corran ya es muy tarde.

Ante este drama mundial simultáneo, tenemos derecho a quebrarnos, derecho a llorar, derecho s sufrir, y, se vale amar más que antes. Pero también, tenemos la obligación de cuidarnos, de acatar las instrucciones y tenemos derecho a proyectarnos al después cuando todo haya pasado, donde habrá un nuevo orden mundial y ojala una sociedad menos egoísta.

Hasta la próxima semana.

 

 

 

 

 

Sobre Luis Felipe Polo

Doctor en Teología, MBA, docente y experto en resolución de conflictos y derechos humanos.

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