Lecciones 2020

 Falta un mes para terminar el 2020 que pasará a la historia como uno de los años más complicados, dolorosos, difíciles, duros, sufridos, odiados, desastrosos, etc. para la mayoría especialmente a causa del COVID 19; y, un año bueno, increíble, extraordinario, etc. para algunos pocos quienes justamente por todo lo malo que pasó, se beneficiaron sin proponérselo en diferentes sentidos.

Aún nos esperan meses difíciles por delante. Si bien es cierto que hay por ahora cuatro vacunas contra la pandemia listas para que una vez aprobadas por las autoridades respectivas pueda inyectarse prioritariamente al personal sanitario que es el más expuesto a contagiarse, lo cierto es que va a tomar mucho tiempo para que el resto de la humanidad lo reciba; y, mientras tanto el virus seguirá contagiando y matando si es que no se siguen tomando las precauciones recomendadas.

Ante este panorama desolador, lo importante para cada uno es agradecer que estamos vivos para ver cada amanecer, no sólo para nuestro regocijo sino para hacer visible nuestro compromiso con quienes tenemos más cerca y con el resto de la humanidad.

Se dice en el Eclesiastés, que hay un día para sembrar y otro para recoger la cosecha y, aunque se vive el día a día, todos los días debemos tomarlo como excepcional para sembrar y a la vez cosechar.

La misión de avanzar es inevitablemente una tarea colectiva, la aspiración humana a conocer lo que todavía permanece inexplorado y oculto es individual y colectivo, como lo es también el noble anhelo de alcanzar el sueño de un conocimiento cada vez mayor que permita una vida mejor, carente de enfermedades, y una sociedad mundial en armonía y paz.

Pero no existe persona solitaria alguna que pueda alcanzar ese ideal. Es necesario el concurso de todos para hacer progresar a la humanidad, con aciertos y errores, como la mejor señal que estamos haciendo todo lo humanamente posible para tener mejores sociedades.

El gran escritor George Bernard Shaw dijo una vez que las personas razonables no hacen cambios y que todo el progreso humano depende de las personas irrazonables. A veces, pues, es necesario ser irrazonables para lograr hacer cambios.

No cerremos este año sin ser exitosos y la única forma de saberlo es teniendo los pies sobre la tierra, la familia, los amigos; apreciando las cosas que tienen valor verdadero, no solo material o monetario, el éxito es más que eso.

El éxito es ver cuánta gente te sonríe, a cuánta gente amas y cuántos admiran tu sinceridad y la sencillez de tu espíritu. El éxito es que te recuerden cuando te vas, cuando ayudas a los demás, cuando se evita dañar, cuando no tienes rencor y cuando puedes ser incluido con otros.

El éxito es como lo leí alguna vez si usaste tu cabeza tanto como tu corazón, si fuiste egoísta o generoso, si amaste a la naturaleza y a los niños y te preocupaste de los ancianos. Es acerca de tu bondad, tu deseo de servir, tu capacidad de escuchar y tu valor sobre la conducta. No es acerca de cuantos te siguen si no de cuantos realmente te aman. No es acerca de transmitir, si no cuantos te creen si eres feliz o finges estarlo. Se trata del equilibrio de la justicia que conduce al bien tener y al bien estar. Se trata de tu conciencia tranquila, tu dignidad invicta y tu deseo de ser más, no de tener más.

El 2020 debe habernos servido por sobre todas las cosas como fuente de reflexión e inspiración, como un alto en el camino de nuestras vidas para voltear hacia atrás y ver lo avanzado, discernir y ver el futuro corto o largo que nos espera a cada uno para tratar de cumplir con nuestra misión como individuos y grupos sociales.

Que la pandemia dentro de todo sirva de luz, fermento, inspiración, conciencia, faro de objetividad y verdad en nuestras sociedades actuales.  Los retos son grandes. Las sociedades exigen excelencia humana, conciencia social, procesos eficientes y personas con valores.

Nos falta mucho por hacer, no desmayemos al intento y no intentemos sin desmayarnos. La humanidad requiere más personas comprometidas, mejores sociedades y certeros gobernantes.

Que todo lo que está pasando en el 2020 no nos detenga, soñemos que un tiempo como el de hoy, cuando tengamos esa sociedad que anhelamos y que cuando nuestros hijos y sus hijos hagan el balance de lo que hemos hecho, encuentren en la humanidad la estatura adecuada, siempre con el compromiso firme y la voluntad inherente de servir a los demás. Esa debe ser nuestra visión, por la que hemos trabajado duro, y por fe en este ideal seguimos de pie.

Vienen más días tristes y dolorosos, debemos tener sabiduría, templanza y fortaleza para no desmayar, y siempre recordar este humilde pedimento al Supremo Maestro: “Oh, Divino Maestro, permite que pongamos la luz, allí donde haya tinieblas; donde haya duda, pongamos la fe, y donde haya desaliento, la esperanza.”

 Hasta la próxima semana.

Sobre Luis Felipe Polo

Doctor en Teología, MBA, docente y experto en resolución de conflictos y derechos humanos.

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