El Juego del Calamar: los límites entre la competencia y la ética en tiempos modernos y los derechos y obligaciones surgidas:
Cuando la necesidad no conoce barreras y los seres humanos elaboran estrategias impensadas
GASTÓN JORGE QUEVEDO PEREYRA[1]
[1] PhD Gastón Jorge Quevedo Pereyra (Perú). Posdoctor en Filosofía e Investigación, Doctor en Derecho, Maestro en Derecho, Abogado UNMSM, catedrático universitario en UPC, USMP, UNFV y diversas escuelas de postgrado tales como el MBA de Blackwell University, Orlando Fl, USA, UNFV, CAEN, USMP UPT, UNSAAC, UPLA, Conciliador Extrajudicial y Árbitro, Exconsultor PNUD, MINJUS. Co director de Derecho y Proceso en The Silicon Valley School of Law, SFO, California, Miembro del Consejo Consultivo de Derecho & Cambio Social, Colaborador de Gaceta Jurídica, Conferencista en diversos foros nacionales e internacionales, Past Decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la UPC y Ex director de la Escuela de Postgrado UIGV Autor de diversas publicaciones en temas de derecho de familia, derecho administrativo, gestión pública a nivel nacional e internacional.
La famosa serie coreana difundida en Netflix más allá de presentar violencia en todos los niveles, captar la necesidad humana en el sentido más extremo con el único objetivo de obtener la mayor cantidad de dinero posible, nos muestra como toda mención a la ética, límites y acaso remordimientos en competencia pueden ser dejados de lado en instantes por las personas aparentemente más éticas que encontramos en el camino.
Un primer elemento va en el sentido de ganar pruebas individuales y colectivas con cada vez un mayor grado de dificultad; empero quienes pierden, quedan últimos o simplemente no culminan la prueba son eliminados, pero no solo de la competencia, sino que son exterminados por una terrorífica y gigantesca muñeca (Young-He) mediante un inmisericorde laser que detecta a quienes se mueven tras la orden de detenerse siendo acribillados por “soldados” (francotiradores) vestidos de coquetos trajes negros y rosados.
Hasta aquí los sorpresivos inicios de juegos en que solo los ganadores no solo accederán al premio en dinero, sino que a la vez sobrevivirán en que acaso la meditación sobre la propia vida resulta ser solamente un requisito fugaz para poder continuar y la posibilidad de detenerse y abandonar el juego es desbordada por la propia necesidad de hacer que sean eliminados los ocasionales aliados en juegos victoriosos para liquidarlos en el inmediato siguiente juego dado que así el premio, será aún mayor.
El Juego del Calamar todo derecho y obligación posibleDESCARGAR
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