Hace 200 años, el 18 de agosto de 1821 el Protector San Martín creó por decreto la Legión Peruana de la Guardia, cuerpo que fue destinado a “servir de modelo a los demás, por su valor en el combate y por su disciplina en todas circunstancias” (Santos de Quirós, 1831, t. I, pp. 18-19). Ese encabezado parecía señalar que era la primera unidad del naciente Ejército del Perú, y así ha sido entendido por muchos. Sin embargo, existían ya otros cuerpos adiestrados, como el escuadrón Granaderos a Caballo del Perú y el batallón Leales del Perú, que habiendo completado su formación en la región central habían llegado a Lima en junio de 1821 (CDIP, t. VI, vol. 4, p. 220). Esta última unidad pasó a denominarse batallón de infantería Nº 1 Cazadores del Perú desde setiembre de 1821, prelación que le reconocería San Martín el 11 de enero de 1822 (Santos de Quirós, 1831, t. I, p. 110).
La creación de la Legión Peruana de la Guardia debe entonces entenderse como el inicio de la institucionalización del Ejército del Perú (CPHEP, 2005, t. V, vol. 1, p. 39). Y claro que pronto se convertiría en modelo de las otras unidades, cubriéndose de gloria en los campos de batalla.
Se dispuso que integraran la Legión Peruana de la Guardia, un batallón de Infantería, dos escuadrones de Caballería y una compañía de Artillería Volante de cien plazas, designándose como su comandante en jefe al mariscal de campo marqués de Torre Tagle, que retuvo además el cargo de inspector general de todas las guardias cívicas. El coronel británico William Miller fue designado para comandar su batallón de infantería, y al sargento mayor Eugenio Necochea se le nombró jefe de sus escuadrones de caballería, que se formaron sobre la base del escuadrón Húsares de la Escolta. Asumió luego este último mando el teniente coronel francés Federico de Brandsen, una de las figuras más heroicas de la guerra de independencia. En el decreto de creación de la Legión Peruana de la Guardia se pospuso la designación del jefe de su artillería, convocándose a veteranos de esta arma para que se alistasen voluntariamente; el mando recayó finalmente en el capitán José Ildefonso Álvarez de Arenales.
Con jefes de tal calidad, era de esperarse que la Legión Peruana de la Guardia alcanzase un glorioso historial. Sus primeros hechos memorables los iba a protagonizar en las batallas de Torata y Moquegua, en enero de 1823, donde destacó el heroísmo de sus oficiales el teniente coronel La Rosa y su leal camarada el sargento mayor Taramona, caídos en combate. El 29 de agosto de 1823 el gobierno decretó que los nombres de La Rosa y Taramona pasasen mensualmente revista de presentes en el regimiento de la Legión Peruana, y que, al ser pronunciados sus nombres, su comandante respondiese: “Murieron heroicamente por la libertad del Perú, pero viven en la memoria de sus compañeros de armas”.
Fuentes/ Instituto de Estudios Históricos del Ejército del Perú-CPHEP
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