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Opinión: La política del Avestruz por Francisco Miró Quesada Rada

14 de junio de 2020 

Nuestra Plataforma virtual de noticias e información, entrevistas y transmisiones en  vivo Entérate con Lesly, los invita a  leer el articulo de la Política de la Avestrúz por Francisco Miró Quesada Rada, nos motiva a reflexionar sobre la democracia y sus reglas.

La política del Avestruz

por Francisco Miró Quesada Rada/ Ex Director del Diario El Comercio y Director de la Escuela de Ciencias Políticas de la UNMS

Giovanni Sartori destacado filósofo y politólogo italiano, profesor emérito de la Universidad de Columbia donde enseñó por muchos años, reaccionando contra la tendencia economicista en la Ciencia Política ,que comprende la política como una relación de  mercado, sostiene que el comportamiento económico es un criterio de utilidad entendido como la maximización del interés y del beneficio, en cambio que el político no se reduce a este criterio minimalista debido a que el “hombre político manifiesta una variedad de motivaciones”.

Pues bien. Lo que busca el comportamiento económico capitalista es el beneficio e interés personal , sobre todo la acumulación de la riqueza y  no la distribución de la misma.

Si por algún motivo esto se produce, como ha sucedido  ciertamente en algunas sociedades cuya economía está organizada de acuerdo al libre mercado, como sucedió en los Estados Unidos en el siglo XX , se debe a la gran magnitud de sus crecimiento, pero este no es el objetivo,  es un fenómeno colateral, que en el arcot económico se conoce como “chorreo”.

A diferencia del comportamiento económico, el comportamiento político busca poder y este se puede ejercer de dos maneras, o es autoritario o es democrático.

Cuando una sociedad acepta vivir de acuerdo a las reglas democráticas asume los valores de la democracia, lo que implica un comportamiento democrático y este comportamiento se rige por un conjunto de principios que nada tienen que ver con la acumulación, el interés, el beneficio, ganancia, el mercado, sino con la libertad, la igualdad, la dignidad y la solidaridad.

Esta se entiende como fraternidad uno de los conceptos de la revolución francesa, porque quien es fraterno con los demás es solidario, está dispuesto a dar, a sacrificarse por el otro. Como bien apunta el sociólogo francés  Alain Touraine en su obra ¿ Qué es la democracia? , afirmando que es el reconocimiento del otro.

Lo que pasa es que en esta época donde predomina la ideología  neoliberal ,  barnizada de categorías científicas, la política con mayor rigor el Estado y sus gobiernos deben estar sometidos a esas categorías y a intereses que no es el de todos sino de un puñado.

El Estado debe funcionar de acuerdo a los designios del  mercado, como si esta fuera una sacrosanta palabra. Pero no sólo el Estado sino la sociedad entera de acuerdo a una visión particular de la economía que es presentada como “la visión” única y verdadera por unos tecnócratas que se llaman pragmáticos, porque consideran que la vida es un  negocio, que hay que obtener utilidad sobre toda las cosas, que dicen a los ciudadanos que es lo que debemos  hacer, como si fueran dueños la verdad, sin siguiera preguntarles a las personas, a los millones de ciudadanos, si están de acuerdo con “su verdad”.

Esta se impone, como si fuera un  Estado totalitario. Amparan sus afirmaciones en una serie de datos, tienen una reverencia por los datos, son en el fondo hiperfactualistas.

Una posición tan ideológica como la otra, porque si bien el dato es importante en cualquier investigación, el aferrarse sólo a ellos es caer en el dataísmo, presentan los datos como verdades irrefutables cuando estos son un indicador más en todo proceso de investigación científica. Además unos datos pueden ser refutados por otros.

A esto se le llama dataísmo que es “una fórma pronográfica de  conocimiento que anula el pensamiento. No existe un pensamiento  basado en datos. Lo único que se basa en los datos es el cálculo”, como bien afirma el filósofo coreanoalemán Byung-Chul Han.
Los exégetas del neoliberalismo carecen de capacidad de autocrítica y por eso cualquier medida política contraria a su visión del mundo mercadocéntrica es populista, comunista, nacionalista, neosocialista, e incluso idealista, como si ser idealista fuera algo malo.

Sin embargo no hay nada más cierto que la realidad del ideal. Si no hay ideas, si no hay utopías de la buenas, el mundo, la vida pierde su norte porque carece de sentido.

Las evidencias nos dicen que en el Perú, habiendo incluso disminuido la pobreza, esta pendía  de un hilo y al primer zanacón de un fenómeno letal como el coronavirus, todo se está derrumbando como un castillo de naipes, porque simplemente por aplicar la  receta neoliberal  del consenso de Washington nos olvidamos que todo progreso es fundantalmente social y que no hay que invertir sólo pensando en el mercado, el interés, la ganancia y el beneficio, sino en el ser humano.

Sin  ir tan lejos  geográficamente, aunque las comparaciones dicen son odiosas, que nos baste el ejemplo de Costa Rica que invierte hace buen tiempo 10% en educación, 7% en salud y 7% en justicia siendo el país con menos muertos en la región. Sólo 10. Ello porque hay Estado, porque hay una política social, además por cierto existe el  mercado.

Lamentablemente  el COVID-19 nos ha develado una cruda verdad que en nuestro país el 1%  concentra el 67,3% de la riqueza y el 10% , el 86% de la misma. Estos también son datos, terribles datos y por ello no podemos tener la política del avestrúz.

Hay que ser autocríticos y conservando lo bueno, enrumbar a la patria no por el sendero del consenso del Washington, sino por  la ruta del humanismo, la democracia y los derechos humanos, para que no sean simples enunciados, sino realidad.

Fuente / Diario El Comercio

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