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Opinión: La desconfianza no es un drama por Antero Flores Araoz

12 de  agosto de 2020

La desconfianza no es un drama

por Antero Flores Araoz

El Presidente del Consejo de Ministros Pedro Cateriano y los miembros del Gabinete Ministerial, en cumplimiento de la Constitución y, dentro de los 30 días de su nombramiento por el Presidente de la República, se presentaron ante el Congreso para “… exponer y debatir la política general del gobierno y las principales medidas que requiere su gestión” y plantea cuestión de confianza.

El Congreso le puede otorgar la confianza o se la puede denegar y, en este último caso renuncia el Presidente del Consejo de Ministros y el gabinete, dimisión que el Presidente de la República tiene que aceptar dentro de las 72 horas y por ende nombrar nuevo Gabinete Ministerial.

La Constitución del Estado señala pesos y contrapesos entre los Poderes del Estado, lo que también se denomina balance de poderes y, dentro de ellos se cuenta la presentación de nuevo Gabinete ante el Congreso para continuar en el ejercicio del cargo, la concurrencia de los ministros cuando son citados por el Parlamento, la interpelación de aquellos, la censura y el rechazo de confianza, así como también la disolución del Congreso por el Presidente de la República.

El ejercicio regular de las atribuciones de los Poderes del Estado, son legítimas, así no pudiesen gustar. En el caso de la presentación ante el Congreso del Gabinete Cateriano, suscribo toda su exposición, hasta le pondría firma y huella, pues lo que expuso es lo que manda la Constitución y, por lo demás, es lo adecuado y sensato para afrontar la emergencia sanitaria originada en la pandemia que nos afecta y, la crisis económica como consecuencia de la larga cuarentena dictada por el Gobierno.

Se ha criticado la decisión del Congreso, dramatizando la situación al decirse que la crisis ministerial se suma a la de salud y económica que soportamos.  La primera es por 72 horas, mientras las otras llevan cerca de medio año, y no sabemos cuándo acabará, por lo cual las crisis en cuestión no son comparables.

También se ha expresado que el Congreso ha sido abusivo porque el Gobierno no tiene bancada parlamentaria propia que lo respalde.  Si bien ello es verdad, no lo es por decisión del Congreso sino del actual Presidente de la República, quién llegó al Gobierno en la plancha presidencial de Pedro Pablo Kuczynski y asumió la Presidencia ante la renuncia de este último.

Si al disolver el Congreso elegido el 2016 y convocar nuevas elecciones parlamentarias para completar el período del Congreso cesado no se presentó a la contienda el partido con el cual llegó a Palacio de Gobierno Martin Vizcarra, insisto que ello es por su decisión y la de su Partido, pero no de los actuales parlamentarios.

Otro argumento que se ha mencionado para descalificar la actitud del Parlamento, es que se extorsionó o chantajeó al Dr. Cateriano, al manifestársele anteladamente a su concurrencia al Congreso, que no había ánimo de otorgarle la confianza pues llevaba dentro del Consejo Ministerial al titular del Sector Educación. Ello no es ninguna extorsión, sino una simple advertencia amical que no se aquilató debidamente. La extorsión es delito, y aquí no veo ninguno, solo una advertencia y recordando que los congresistas no tienen responsabilidad por sus opiniones ni por los votos que emiten.

Por lo demás, en una Democracia hay que buscar consensos mediante el diálogo y la concertación política, lo que implica mutuas concesiones, pues nadie es depositario absoluto de la verdad. La necedad es mala consejera en la actividad política, debiéndose además previsto por el Presidente de la República una situación difícil, al volver a nombrar al mismo titular de Educación.

En efecto el ratificado Ministro de Educación tenía una interpelación en marcha, un proceso fallido y censurable de adquisición de micro computadoras para escolares y, encima, ser el sepulturero que expidió partida de defunción a muchas universidades, en lugar de ayudarlas a mejorar la calidad educativa.  Más aún, se otorgó una segunda oportunidad de licenciamiento a las universidades públicas denegadas, lo que no sucedió con las privadas, en un tratamiento desigual. Todo ello sin olvidar que en la práctica se puso en la calle a más de doscientos mil universitarios.

Hay evidente responsabilidad en todo esto del Ejecutivo, por lo que no es perseverancia sino majadería de mantener a una persona cuestionada en un Ministerio tan importante como el de Educación, pero el Congreso también tiene responsabilidad, pues bien pudo otorgar la confianza al Gabinete Cateriano y, posteriormente a la interpelación del Ministro de Educación plantear su censura o acordarla directamente ya que son instituciones parlamentarias independientes.

Nuestros políticos deberían recordar las lecciones escolares de física que recibimos, entre ellas la regla que toda acción genera reacción y, en política sucede lo mismo.  Quizás tarde pero llega y, en esta ocasión, la reacción ante la insistencia casi obsesiva de la eliminación de la inmunidad parlamentaria, la respuesta llegó al darle el adiós en la función ministerial al Gabinete al que nos referimos.

El Presidente Vizcarra, tratándose de mostrar amplio, expresó que aceptaba la renuncia.  Ello no fue acto generoso, sino solamente cumplir con la Constitución, cumplimiento usualmente distante de su proceder. Encima, dio a entender que los parlamentarios impedían la reforma universitaria y que ello no es negociable.  Pues bien, ni lo uno ni lo otro, la reforma nadie quiere detenerla sino mejorarla, y por supuesto no es negociable, aunque si perfectible.

Tenemos que acostumbrarnos a dialogar en política, con humildad y con la mente abierta, pero también sabiendo que la soberbia es un mal hábito para llegar a soluciones armoniosas. Todos debemos comprender la política como arte y ciencia de llevar los asuntos públicos en la mejor forma y con apertura democrática. Si así se hubiere hecho, se había ahorrado al país algunos días complicados, pero no dramáticos como algunos insinúan.

Al concluir esta columna nos enteramos que se ha ratificado en el cargo al renunciante Ministro de Educación. Si el insistir en el nombramiento fue error, el repetirlo es necedad y por supuesto con vaya uno a saber que consecuencias.  A estas alturas seguir “pechando” es imperdonable.

Fuente/ Diario Uno

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