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Covid19: El derecho a la libertad individual y las restricciones del estado

17 de agosto de 2020

 

Covid19: El derecho a la libertad individual y las restricciones del estado

Por: Luis Felipe Polo G. Magister en Administración de Empresas, Experto en Derechos Humanos y   Resolución de Conflictos

Email: luisfelipepolo@gmail.com

www.luisfelipepolo.com

 

Los derechos humanos, a pesar de la pandemia del Covid-19, tienen que ser garantizados por los estados y en esto no hay ni duda ni discusión. Esta semana llegaremos a 22 millones de personas infectadas, más de 800 mil muertos y a pesar que en varios países bajaron sus cifras, los rebrotes de los últimos días alertan que se viene una nueva ola y mientras no se tenga una vacuna, millones seguirán contagiándose y miles seguirán muriendo.

Desde el inicio del coronavirus, todos los gobiernos del mundo tomaron medidas extremas de emergencia que incluyen entre otras la prohibición de protestas, ya que el tumulto y hacinamiento de personas es fuente de contagios.

Recordemos que conforme la pandemia avanzaba sin piedad de país en país y de continente en continente, muchos gobiernos haciendo uso de sus facultades constitucionales y legales, decretaron estado de emergencia y ordenaron el confinamiento de la población en sus hogares -con excepción de los servicios esenciales- y el cierre total de las actividades económicas, educativas, entretenimiento, etc.

Estas drásticas medidas, fueron aceptadas por las poblaciones, entendiendo el peligro que representaba exponerse al virus y con la esperanza de obtener ayuda de sus gobiernos para poder sobrevivir en la medida de lo posible; sin embargo, ante la inoperancia de muchos gobiernos y el abandono en que se encontraron al no obtener ayuda alguna, la gente decidió enfrentar las consecuencias, salir a trabajar, contagiarse, enfermarse y morir ante las sistemas colapsados de salud. Es decir, caos total; sin ocultar a los parranderos y otros que defienden su derecho a emborracharse o asistir a eventos masivos, poniendo no solo en peligro su vida, sino la de los demás.

Ante esta realidad, surge la gran discusión si los Estados al dictar medidas de emergencia y restricciones de movilidad están violando o no los derechos humanos de la población y en especial el derecho humano a la libertad.

En los últimos meses se han realizado cientos de protestas en muchas ciudades del mundo contra las decisiones de los gobiernos por las restricciones impuestas para contrarrestar el contagio del Covid-19, protestas sociales para que los estados protejan a quienes han perdido su trabajo, otros para que los dejen laborar, otros para asistir a sus cultos religiosos e incluso muchos por el uso obligatorio de la mascarilla. Muchas de estas protestas han sido aprovechadas para atacar a los gobiernos por sus políticas generales; es decir, ya no solo fueron por la pandemia, sino también por temas de agendas políticas justificadas o no.

El filósofo Jean-Paul Sartre acuño la frase de “Mi libertad se termina dónde empieza la de los demás”; es decir, los derechos de una persona terminan donde empiezan los de otra y viceversa. Al final se trata de defender los derechos individuales hasta que puedan ser amenaza para los derechos de otro o de las colectividades.

Hay que dejar muy claro que a pesar de las medidas extraordinarias, los derechos humanos no desaparecen y siguen siendo aplicables, especialmente bajo las circunstancias especiales en que vive la humanidad, los estados tienen que garantizar y defender los derechos  a la vida, libertad de opinión y expresión, salud, alimentación, vivienda, educación, y aquellos que se ejerzan sin violar los derechos de los demás.

Las restricciones en estado de emergencia adoptadas por los estados, desde mi punto de vista no violan el derecho a la libertad individual, excepto si no se garantiza el derecho a la vida y si es que se prohíbe o amenaza de alguna forma el derecho a la libertad de opinión y expresión principalmente.

Con justa razón, sin que signifique que están dando resultado, los demás derechos suspendidos deberían servir para proteger a la población de contagios y muertes. La ciudadanía está obligada a respetar los derechos de los demás, pero los estados están en la obligación de tomar medidas encaminadas al bienestar general no solo de palabra, sino  principalmente a garantizar a través de todos los medios de gobierno posible, el derecho a la alimentación, salud y vivienda. Caso contrario, todos los esfuerzos desde la población y los gobiernos son inútiles y crean más caos y desesperanza.

Hasta la próxima semana.

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